LA MENTIRA DE LA CRISIS ECONÓMICA Y LOS MOTIVOS DE SU PADECIMIENTO SOCIAL.-
No es raro el día en el que al abrir nuestro correo electrónico leemos un nuevo y lamentable suceso de corrupción política, sobredimensionamiento de nuestros representantes en la Administración, derroche del dinero público o la manifiesta falta de respeto hacia los ciudadanos en la gestión pública de recursos económicos que realizan los integrantes de nuestra particular casta política o sus organismos dependientes periféricos.
Se pretende desviar la atención en los efectivos y reales motivos de la crisis que padece este país en el achaque a la terminación de una burbuja inmobiliaria, crisis del ladrillo o la construcción…., es decir, mentir para justificar una situación que llega mucho más allá.
Esta pseudocrisis económica, va mucho más lejos de lo que nuestros dirigentes políticos nos intentan hacer ver. No son más que los síntomas de una crisis psicosocial, a mi juicio, motivada en una carencia de solidaridad, espíritu reivindicativo, valores, moralidad y principios. En definitiva, una carencia en la creencia e interiorización del destino del individuo como integrante de la sociedad, que se afianza por una falta de transparencia, debido y ejemplar liderazgo, sentido de la responsabilidad e integridad en la gestión que ejercen nuestros dirigentes públicos de uno u otro color.
Uno de los papeles, a mi juicio el más importante, para retomar la confianza en todos esos aspectos que podrían converger en ese enaltecimiento y debido posicionamiento de nuestra sociedad, como desarrollada y avanzada en el llamado primer mundo, es el que juega la Administración de Justicia. Bajo mi opinión, el día en el que el ciudadano se conciencie de la efectividad ejemplarizante de nuestra justicia sobre la corrupción política, no dudo que será el momento en el que se vislumbre un nuevo horizonte lleno de posibilidades y confianza, es decir la medicina a nuestra llamada crisis económica.
¿Cómo se conseguirá esto?: Será el momento en el que el ciudadano perciba: La ejemplar, eficaz y rápida actuación de la justicia sobre aquellos cargos públicos inmersos en tramas delictivas; el momento en el que antes de dictar una resolución judicial no se miren los efectos políticos que se causan a los culpables; el momento en el que no se incentive la prescripción o caducidad de expedientes de enorme transcendencia social, mientras a un conductor ebrio se le juzga en escasos tres días; el momento en el que la justicia sea igual para todos; el momento en el que un Juez o Magistrado no presente temblera de pulso en la interpretación de la ejecución de una Sentencia en todos sus términos; el momento en el que con efectividad todos seamos iguales ante la ley; el momento en el que no se vean tintes políticos en la justicia, el momento en el que quien denuncia una actuación corrupta, indecorosa o delictiva sobre nuestra clase política no se sienta inmediatamente perseguido, intentándose hacer creer que es el verdadero responsable del hecho delictivo, cuando en realidad su digna y ejemplar actuación debería ser considerada honorífica; en esencia, el momento en el que creamos y sintamos que existe justicia, será el momento en el que podamos hablar de otra sociedad.
Si el ciudadano sigue percibiendo tolerancia, parsimonia, indiferencia e impunidad sobre los escasos asuntos de corrupción política que en nuestro país se llegan a destapar, mientras se sigue aplicando sin distinción la ley sobre el débil, sobre el ciudadano de a pie, es escasa la esperanza o espíritu de cambio que podemos obtener de nuestra sociedad. Están en juego los verdaderos valores y principios de una efectiva democracia. Sin justicia nunca habrá democracia.
Como colofón a mi opinión, diré que siempre pensé que los culpables de este nauseabundo sistema fueron algunos de los políticos en los que delegamos nuestra confianza cada cuatro años, salvando las honrosas pero escasas excepciones, pero esto no es correcto ya que actúan de este modo porque por parte del pueblo se les permite hacerlo, la solución a esta situación pasa por concienciar, educar e introducir como valor inherente al propio individuo, el hecho de que los sucesos y evolución de nuestra sociedad no es algo ajeno a él, es algo que depende también de él como persona integrante de una sociedad, en la que cada uno puede y debe hacer algo para mejorar, para exigir, para exponer, en definitiva, para que esta sociedad “dormida” tenga organización y capacidad reivindicadora y deje de conformarse con el partido de futbol del sábado, la telebasura propia de países en vías de desarrollo con índices elevadísimos de analfabetismo social y las mentiras y la manipulación televisiva que no hace más que “aplatanar”, desmoralizar y desganar a una sociedad, con la trasmisión sublime de un mensaje de hipócrita normalidad e imposibilidad de actuar para poder cambiar este sistema.
Esta es nuestra mentira, esta es nuestra sociedad, esta es la verdadera “hipoteca” de nuestra sociedad: Una aguda y auténtica crisis de valores que nos esclaviza en nuestro irreal sistema democrático y llena de apariencias los verdaderos principios y valores que deben sostener una sociedad supuestamente avanzada como la nuestra.
Seguir por este camino, y espero que el tiempo no me de la razón, nos llevará a un mayor desgaste social y a minimizar cada vez más las posibilidades de defensa y reivindicación de esta sociedad, hasta el extremo de que estas iniciativas podrían ser criminalizadas, perseguidas y castigadas, es decir, aunque pudiera parecer una locura (como las grandes decisiones de nuestra historia siempre lo parecieron en su inicio), no estamos tan lejos de que un ataque de elocuencia y sinceridad de algún ciudadano que evidencie la vergonzosa situación y gestión de algunos políticos, incomodando a estos tales revelaciones, le pueda llevar a terminar con sus huesos en prisión (por uno u otro motivo, se busca el que mejor convenga), donde se le escuchará mucho menos. Lo más grave, con una sociedad anestesiada incapaz de responder a semejante atropello a los derechos humanos y, en algunos casos, incluso capaz de justificar semejante actuación, por la publicidad abrasiva y falsa de lo ideal que es nuestra sociedad, a la que nos someten muchos de nuestros medios manipulados de comunicación.
¿Cuándo terminará esta crisis?: Digo: Un día despertará esta sociedad, tras un sueño de elocuencia y coherencia en el que el Madrid-Barsa, no sea más que eso, un evento deportivo y no una forma de vida empleada políticamente para tapar las verdaderas problemáticas sociales, y haciendo un llamamiento al efectivo papel del individuo en la sociedad, pacífica y democráticamente seamos capaces de decir ¡BASTA YA! a aquellos dirigentes políticos que nos pastorean bajo la creencia y convicción de mover ganado en lugar de personas, por la imposibilidad de esta sociedad de retomar la propiedad de su destino, ya que éste no corresponde ni es meritorio de estar en manos de aquellos políticos que nos orientan hacia la discordia, la desinformación, la mentira, el enfrentamiento, la incertidumbre, la desconfianza, la corrupción y la necesidad económica.
SM.1.JMPG



Como siempre muy acertado en tus comentarios. La verdad es, que todo lo que nos pasa en parte lo tenemos merecido, somos una sociedad aburguesada, conformista y sobre todo muy muy envidiosa. Queremos lo que tienen los demas, pèro sin ganarnolo y nos alegramos cuando lo pierden. Comparandolo con un partido de futbol como haces tu mencion es como decir: En un Madrid-Barsa me alegro mas de que pierda el barsa de que gane el madrid, siendo madridista.
Un saludo, compañero.