POLICÍA LOCAL Y CRIMEN ORGANIZADO.-
No es raro el día en el que nos despertamos con una nueva y desagradable noticia de la entrada en una vivienda, de unos delincuentes que derrochan violencia de manera gratuita y están bastante más organizados que los delincuentes comunes a los que en este país hemos estado tradicionalmente más acostumbrados.
De tal consideración se puede entender la problemática que suscita la seguridad ciudadana en nuestra sociedad actual, ocupando las primeras posiciones tras el paro y la crisis económica.
Escuchamos, desde determinados Gobiernos municipales de Cataluña, pedir al Gobierno de la nación efectivos policiales, para luchar contra una criminalidad muy “escurridiza” y especializada, esto no es lo más novedoso, desde dichas Corporaciones escuchamos solicitar no sólo a simples policías, sino a policías especializados en la lucha contra la delincuencia organizada.
Sin duda, la “nueva” forma de delinquir, bien denominada DELINCUENCIA ORGANIZADA, ha llegado y se ha instaurado en nuestra sociedad, sin previo aviso –tráfico ilegal de drogas, prostitución, tráfico de seres humanos, blanqueo de capitales generados mediante delito, falsificaciones, etc…-.
El problema no radice aquí, la moneda en esta “batalla” tiene una doble cruz; LA LUCHA CONTRA ESTE FENÓMENO DELICTÓGENO.
Sin querer ser alarmista, el futuro más cercano no augura las mejores sensaciones, únicamente hay que atender a la estadística policial para comprender perfectamente la magnitud del problema ante el que nos enfrentamos. Hablo, desde un punto de vista técnico, de un modelo policial de por sí carente de sentido, con una incomprensible distribución de competencias y división territorial, que hasta el momento no se puede decir que, por su coordinación, haya ofrecido los resultados esperados en su lucha y represión sólo de la delincuencia común.
Quizás lo más sorprendente, es que la formación a funcionarios de nuevo ingreso en cualquiera de los cuerpos policiales, equivocadamente sigue estando orientada a la detención de delincuentes comunes, más propios de los años 80 o 90 que tradicionalmente han utilizado un modus operandi que nada tiene que ver con los delitos milimétricamente estudiados y ejecutados que cuadrillas perfectamente jerarquizadas ex-militares y ex-policiales de países del Este de Europa, entre otros (oriente, Sudamérica…) están perpetrando en nuestro país.
Desde un plano crítico-constructivo, sería conveniente iniciar concienciando a los dirigentes de los distintos centros de formación policial, de que la delincuencia organizada ya es una realidad social que padecen nuestras comunidades vecinales, que el adiestramiento policial debe cambiar con un currículum transversal, que incida en las distintas disciplinas técnico-educativas, orientándolas a las nuevas competencias que en materia de seguridad ciudadana deben asumir los Cuerpos Locales de Policía, el tratamiento de la información, las modernas técnicas policiales que se presentan como una auténtica alternativa en la lucha contra el crimen organizado, la victimología que esta delincuencia esta generando y el apoyo policial y judicial que merece, así como unas funciones abiertas, básicas y de apoyo en materia de Policía Judicial que las Policías Locales deben asumir con urgencia.
No podemos continuar ignorando el gran trabajo que en materia de Policía Judicial “camuflada”, viene realizando desde hace unos años la Policía Local, detención de peligrosas bandas de delincuentes organizados, aprehensión de significativas cantidades de drogas y actuaciones contra la piratería industrial entre otras.
Se debe permitir que estos Cuerpos de Policía realicen su trabajo en beneficio de los ciudadanos que, en definitiva, son las víctimas de estas redes, y ellos poco entienden o les interesa quién vele por su seguridad, únicamente desean sentirse realmente seguros.
Para ello, se debe dotar a estos funcionarios de manera explícita de los cometidos que ante esta nueva delincuencia se deben desarrollar, desvinculándose los Cuerpos Estatales de su férrea atención a las tareas que realizan estas Policías Locales, entrando en valoraciones absurdas de competencias que solo afectan al ciudadano frenando la efectiva lucha contra la delincuencia, atribuyéndose unas estadísticas “engrosadas, engañosas o capciosas” que no les corresponden, o prestando más atención a que la Policía Local no se “desmarque” en una nota de prensa adquiriendo protagonismo por intervenciones que, según su marco competencial, deberían haber culminado dichos Cuerpos estatales.
Este planteamiento que dejo abierto, para la reflexión de lectores, técnicos y profesionales de la materia, no ha entrado en valoraciones como: La victimología en este tipo de delitos, las reflexiones para necesarias modificaciones legislativas, las nuevas orientaciones en política criminal y penitenciaria, el estudio de las modalidades modernas del delito, la coordinación y la formación policial y judicial para su lucha, las nuevas formas de identificación personal y sus bases de datos, el control y tratamiento de la información, el perfil psicosocial del delincuente y su estudio en la escena del delito, la participación e incorporación de criminólogos en la investigación policial, el control de la corrupción en la clase política y la atribución de una competencia inspectora en esta materia a los Cuerpos Locales de Policía en las Entidades Locales, creación de un órgano judicial independiente (sin ninguna dependencia política) para asumir, cuando se evidencie necesario, una competencia inspectora de la actividad de Jueces, Magistrados y Fiscales, con capacidad para evaluar, motivadamente, los límites entre la lógica y necesaria independencia y capacidad discrecional de los órganos judiciales y sus límites con la negligencia, la irresponsabilidad o el delito.
Sin duda, ya al margen del resto de las cuestiones aquí planteadas, cualquier programación en la lucha contra la delincuencia organizada que no cuente en su organigrama con la participación de una Policía Local, cada vez más preparada y profesional, con una significativa representación en el plano cuantitativo policial, muy cercana a la sociedad y por ello generadora de la principal fuente de información, esta abocada al más auténtico fracaso, y el tiempo, sabio, nos dará la razón.
SM.1.JMPG



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